En una ocasión el fotógrafo barcelonés Oriol Maspons me aconsejó: «Cuando estés de viaje la foto importante no es la del monumento o la del paisaje maravilloso que estés contemplando, la foto importante es la de la gente que está a tu alrededor. Haz una buena foto de Notre Dame pero luego gírate y fotografía al primero que pase por allí. Con el tiempo esa es la buena.»
La paradoja es que, cuanto más se ha popularizado la fotografía, más difícil parece producir imágenes que sobrevivan al paso del tiempo. Hoy fotografiamos casi todo: monumentos, comidas, selfis…. Las imágenes se consumen de forma casi instantánea en redes sociales y a menudo desaparecen en el flujo continuo de contenido.
Estas son fotografías tomadas en lugares que visito, en las que los protagonistas no suelen ser los monumentos ni los paisajes, sino las personas que, por azar, compartían conmigo ese instante. Pertenecen a ese «girar y fotografiar al primero que pasa por allí». Tampoco espero la luz bonita ni el instante decisivo, sencillamente me doy la vuelta y disparo.